Hace muchos años, durante la noche más mágica de la Navidad, vivían tres camellos llamados Samir, Amani y Farid. Eran los fieles compañeros de los Reyes Magos y cada año los ayudaban a llevar regalos a los niños del mundo. El viaje era largo y duro, pero ellos estaban felices de colaborar.
Una noche, mientras atravesaban un desierto inmenso y frío, se toparon con una terrible tormenta de arena. El viento soplaba con tanta fuerza que apenas podían ver y cada paso resultaba más difícil.
Samir era muy fuerte, pero después de caminar durante horas se sintió agotado.
—Tal vez deberíamos detenernos y descansar —dijo.
Amani, siempre decidido, respondió:
—No podemos rendirnos ahora. Los niños nos esperan.
Samir reunió fuerzas y continuó. Más adelante fue Farid quien empezó a desfallecer.
—No puedo seguir —dijo con tristeza.
—Sí puedes. Juntos lo conseguiremos —lo animó Amani.
Los Reyes Magos también alentaron a sus compañeros: —Sois fuertes y valientes. Falta muy poco para llegar.
Aquellas palabras les dieron nuevas energías. A pesar del cansancio avanzaron paso a paso hasta que la tormenta comenzó a calmarse.
Al llegar a la ciudad, el cielo se despejó y las estrellas volvieron a brillar. Aunque estaban cansados, los camellos se sintieron orgullosos de no haberse rendido. Los Reyes repartieron los regalos y los niños durmieron felices, con sueños llenos de magia.
Enseñanza del cuento
Cuando aparecen dificultades, la perseverancia y el apoyo de nuestros compañeros pueden ayudarnos a alcanzar la meta.






