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La última castaña de la Castanyada

La última castaña de la Castanyada - Cuentos catalanes

El cuento de La última castaña de la Castanyada

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La tarde del 31 de octubre, la plaza olía a castañas asadas, boniatos y panellets. Mariona ayudaba a la señora Roser, la castañera, a preparar cucuruchos de papel.

—Dobla bien la punta —le enseñó Roser—. Así ninguna castaña se escapa.

Mariona estaba terminando el último cucurucho cuando oyó un golpecito dentro del saco.

—Toc, toc, toc.

Metió la mano y sacó una castaña pequeña y brillante.

—Por favor, no me pongas en el fuego —susurró la castaña.

Mariona casi dejó caer el cucurucho.

—¿Las castañas hablan?

—Solo cuando tienen algo importante que decir. Yo me llamo Bruna y quiero participar en la Castanyada, pero no quiero que me asen.

Mariona miró a su alrededor. Las familias llegaban abrigadas, los niños cantaban y Roser removía las castañas con unas pinzas largas.

—La fiesta lleva muchos años celebrándose así —dijo Mariona—. ¿Qué puede hacer una castaña que no quiere ser asada?

Bruna pensó tanto que su piel brillante se arrugó un poquito.

—Podría contar una historia.

Mariona la colocó sobre una caja de madera. Pero Bruna era tan pequeña que nadie la veía. Entonces hicieron un escenario con hojas secas, un pañuelo y dos ramas.

Cuando el primer grupo se acercó, Mariona pidió silencio.

—Esta es Bruna, la castaña narradora.

Los niños rieron, convencidos de que era un juego. Mariona acercó la oreja a Bruna y repitió su relato: habló de un castaño que daba sombra en verano, alimento en otoño y refugio a pájaros e insectos. Contó que las fiestas no vivían únicamente en las recetas, sino también en las historias que pasaban de una persona a otra.

La señora Roser dejó las pinzas y escuchó.

—Mi abuela también contaba cuentos mientras asaba castañas —recordó—. Decía que el fuego calentaba las manos y las historias, el corazón.

Pronto, cada familia quiso compartir algo. Un niño explicó cómo preparaban panellets en su casa. Una mujer recordó la canción de la castañera que aprendió en la escuela. Un abuelo habló de las visitas familiares de Todos los Santos.

Bruna no fue asada. Roser encontró una maceta grande, la llenó de tierra y colocó la castaña dentro.

—Tal vez algún día seas un castaño —dijo Mariona.

—Y entonces podré dar muchas castañas para la fiesta —respondió Bruna—, pero reservad siempre una para contar historias.

Al terminar la noche, no quedaba ninguna castaña en el saco y solo unas migas de panellets sobre la mesa. Sin embargo, la plaza seguía llena de palabras, risas y recuerdos.

Mariona comprendió que cuidar una tradición no significaba repetirla sin cambiar nada. Significaba conocerla, compartirla y hacer sitio para que cada persona pudiera participar.

Durante todo el invierno regó la maceta. Al llegar la primavera apareció un tallo verde. Era pequeño, pero se mantenía muy recto, como alguien que se prepara para contar una historia importante.

Sobre la Castanyada

La Castanyada se celebra en Cataluña alrededor del 31 de octubre y Todos los Santos. Las castañas, los boniatos y los panellets forman parte de una tradición otoñal vinculada al encuentro familiar y al recuerdo.

FIN

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