En el pueblo de Noa, las primeras semanas de noviembre traían niebla por la mañana y olor a leña al caer la tarde. Cuando llegaba el Magosto, las familias se reunían para asar castañas, cantar y contar historias.
A Noa le encantaba la fiesta, pero aquel año su abuelo Xosé le dijo algo misterioso.
—Si escuchas con atención, descubrirás el secreto del Magosto.
—¿Está dentro de una castaña?
—Tal vez.
Noa examinó el primer cesto. Había castañas grandes, pequeñas, lisas y abolladas. Escogió una con una mancha en forma de luna y se la guardó en el bolsillo.
En la plaza, los adultos prepararon el fuego en una zona segura. Los niños permanecieron a distancia mientras las castañas crepitaban en un recipiente. Cada vez que una hacía «¡poc!», Noa pensaba que el secreto estaba a punto de salir.
—¿Lo has oído? —preguntó al abuelo.
—He oído una castaña —respondió él.
Después comenzaron las canciones. Noa escuchó palmas, panderetas y voces que conocía desde pequeña.
—¿Ese es el secreto?
—Eso es una canción.
La niña frunció el ceño. Su abuelo parecía disfrutar demasiado de aquel acertijo.
Cuando las castañas estuvieron listas, las repartieron en cucuruchos. Noa calentó las manos alrededor del suyo. A su lado, una familia recién llegada al pueblo observaba sin saber cómo abrirlas. Noa les enseñó a apretar la cáscara por un lado y retirar la piel con cuidado.
—En mi país también comemos cosas asadas cuando hace frío —contó la madre—, pero nunca habíamos estado en un Magosto.
Noa compartió sus castañas y el abuelo Xosé acercó un banco para que se sentaran.
Luego llegó el momento de los cuentos. Una vecina narró la historia de un castaño centenario. Un niño inventó un dragón que estornudaba humo. La familia nueva contó una leyenda de su lugar de origen.
Mientras escuchaba, Noa notó que la castaña de su bolsillo se había calentado. La sacó y vio que la mancha en forma de luna parecía brillar.
—Abuelo, creo que ahora sí lo he encontrado.
Xosé se inclinó.
—Cuéntame.
—El secreto no está dentro de la castaña. Está en lo que ocurre alrededor: alguien prepara el fuego, otra persona reparte, todos escuchan y nadie tiene que quedarse fuera.
El abuelo sonrió.
—Ese es un secreto muy bien encontrado.
Noa abrió la mano. La mancha ya no brillaba, pero no le importó. Colocó la castaña junto a las demás para que también se asara. Después ofreció el primer trozo al niño del dragón y el segundo a la familia recién llegada.
Antes de volver a casa, las personas apagaron el fuego por completo y recogieron la plaza. Solo quedó en el aire el aroma dulce de las castañas y el eco de las historias.
Desde aquella noche, cuando alguien preguntaba a Noa qué era el Magosto, ella no decía únicamente «una fiesta de castañas». Decía:
—Es una rueda de calor. Cuantas más personas caben, más calienta.
Sobre el Magosto
El Magosto es una celebración tradicional de Galicia y otras zonas del noroeste de España. Suele celebrarse durante las primeras semanas de noviembre, especialmente en torno a San Martín, con castañas asadas, reuniones, canciones y relatos.






