Pepa era una castañera que vivía al pie de la montaña. En otoño se ponía las botas, tomaba su cesta y subía al bosque a recoger castañas para asarlas en la plaza.
Una mañana, después de la lluvia, encontró el suelo cubierto de hojas mojadas. Al recoger la primera supuesta castaña notó que estaba fría, lisa y… ¡se movía! Era un caracol.
Pepa siguió buscando, pero solo encontraba más caracoles.
—¡Qué extraño! Ayer había castañas por todas partes.
Entonces una voz diminuta surgió entre las hojas.
—Somos los Caracoles Encantados de la montaña. La lluvia nos ayuda a salir y a cuidar la humedad de la tierra. Si nos llevas hasta la pradera, te mostraremos una sorpresa.
Pepa transportó con cuidado a los caracoles hasta un lugar seguro, lejos del camino. Allí formaron un círculo y, en medio, aparecieron grandes cestas llenas de castañas caídas.
La castañera recogió únicamente las que necesitaba y dejó el resto para los animales y para que nacieran nuevos árboles.
En la plaza contó a los niños lo sucedido mientras compartía las castañas asadas. Desde entonces, cada otoño recordaban que el bosque ofrece sus regalos cuando lo cuidamos con respeto.
Enseñanza del cuento
Observar la naturaleza y recoger solo lo necesario nos permite disfrutar de sus frutos sin perjudicar a los seres que viven en ella.






