Cuenta la leyenda que en una tierra lejana existía un reino llamado Montblanc. Sus prados eran verdes y su cielo azul, pero un terrible dragón atemorizaba a todos sus habitantes.
El animal era tan grande que su sombra cubría el pueblo cuando volaba. Tenía alas inmensas, escamas más duras que la piedra y lanzaba llamaradas capaces de quemarlo todo.
Desesperado, el rey decidió ofrecer cada día una persona al dragón. Un sorteo elegiría a quien debía abandonar el pueblo para calmar a la bestia.
Una mañana salió escogida la princesa, hija del rey. Todo el pueblo lloró porque era muy querida por su bondad. El monarca ofreció sus riquezas a quien la salvara, pero nadie se atrevió.
Entonces apareció un caballero llamado Jorge, vestido con una armadura brillante y montado en un caballo blanco. Prometió vencer al dragón.
Cuando la bestia salió de su cueva, Jorge la esperó con la lanza preparada. Tras una intensa lucha consiguió derrotarla y puso fin al miedo que había dominado el reino.
De la sangre del dragón brotó un rosal de flores rojas. Jorge cortó la rosa más hermosa y se la ofreció a la princesa como símbolo de amor y valentía.
Montblanc celebró la victoria con fiestas y canciones. El rey quiso recompensarlo, pero Jorge solo pidió que el pueblo viviera en paz y quedara libre de tributos.
Desde entonces, la historia de San Jorge y el dragón se cuenta como símbolo de coraje, entrega y esperanza.
La tradición de San Jorge
Cada 23 de abril, especialmente en Cataluña, se regalan libros y rosas para celebrar la cultura y el cariño entre las personas.






