Montclar celebraba cada verano una carrera de vehículos caseros. Niños y adultos construían máquinas sin motor para bajar por un recorrido cerrado y protegido.
Arnau, Pau y Eva llevaban semanas preparando «el Relámpago» con cajas, piezas recicladas y ruedas de bicicleta. Eva diseñó la estructura, Arnau practicó el manejo y Pau, que utilizaba silla de ruedas, aportó ideas para mejorar la estabilidad y los frenos.
Antes de participar, varios adultos revisaron el vehículo, el casco, las protecciones y el circuito.
El día de la carrera, la plaza se llenó de máquinas con forma de barco, avión y dinosaurio. Cuando llegó su turno, Arnau tomó el volante, Eva controló el equilibrio y Pau siguió al equipo por un carril adaptado y seguro.
A mitad del recorrido, una rueda perdió velocidad. Pau detectó el problema y avisó a sus amigos para que se detuvieran en la zona de asistencia. Entre todos retiraron una piedra y reanudaron la marcha.
No llegaron los primeros, pero recibieron el premio al mejor diseño y colaboración.
Los tres celebraron satisfechos: cada uno había aportado capacidades diferentes y todas habían sido necesarias.
Enseñanza del cuento
Un proyecto inclusivo permite que cada persona participe con seguridad y aporte sus habilidades al objetivo común.






