Clara era una niña de ocho años que vivía en un pueblo pequeño donde todo el mundo se conocía. Lo que más deseaba era una bicicleta nueva para su cumpleaños, porque la antigua ya se le había quedado pequeña. Cada día, después de la escuela, se detenía ante el escaparate de la tienda de bicicletas y soñaba con la bicicleta perfecta: azul y decorada con adhesivos de lunas y estrellas.
Cuando llegó su cumpleaños, Clara abrió los regalos muy emocionada. Entre ellos encontró una gran sorpresa: la bicicleta nueva que tanto deseaba. Su familia la había escuchado y había hecho posible su sueño. Clara sintió una alegría inmensa, pero también comprendió el esfuerzo que habían realizado para cumplir su deseo.
El primer día que salió a pedalear vio que su amiga Marta la miraba con cierta envidia. Marta no tenía bicicleta y siempre debía ir caminando hasta la escuela. Clara sintió un pequeño pinchazo en el corazón. Sabía lo que era desear algo que no se podía tener.
Después de pensarlo mucho, Clara tomó una decisión. Fue a buscar a Marta y le ofreció utilizar su bicicleta antigua, que todavía estaba en buen estado. Marta aceptó con lágrimas de emoción en los ojos, agradecida por la generosidad de su amiga.
Desde aquel día, Clara y Marta fueron juntas a la escuela cada mañana, una al lado de la otra, compartiendo risas e historias. Clara aprendió que compartir hacía que los momentos felices fueran todavía más especiales.
Enseñanza del cuento
La generosidad no consiste únicamente en regalar algo nuevo. También significa dar una segunda vida a lo que ya tenemos y pensar en las necesidades de los demás.






