Hace muchos años, en la villa costera de Lloret de Mar, la gente contaba una leyenda capaz de estremecer a pequeños y mayores. Hablaban de un barco fantasma que navegaba lejos de la costa, con el casco y las velas negros como el carbón.
El misterioso navío llevaba una bandera negra con una calavera. Su tripulación de esqueletos iluminaba la noche con una luz siniestra. Verlo era considerado un mal presagio y se decía que nadie que lo hubiera contemplado sobrevivía más de ocho días.
La leyenda comenzó una lejana Nochebuena. El capitán era un hombre que se burlaba de las creencias de su tripulación. El barco estaba anclado en Lloret cuando un marinero pidió bajar a tierra para asistir a la misa del gall. El capitán y varios compañeros lo acompañaron con la intención de reírse de él.
Al entrar en la iglesia, una fuerza misteriosa les impidió interrumpir la ceremonia. Cuando terminó, todos regresaron a bordo excepto el marinero creyente, que prefirió quedarse en tierra.
En cuanto los demás subieron al barco, ocurrió algo extraño. El navío levantó anclas por sí solo y empezó a navegar sin ayuda. Desde aquel momento quedó condenado a surcar el mar eternamente sin volver a tocar tierra. Sus tripulantes se convirtieron en esqueletos obligados a trabajar día y noche.
Desde entonces, algunas noches sus velas oscuras aparecen en el horizonte. En Lloret de Mar se cuenta esta historia para recordar el peligro de burlarse de las creencias ajenas y la importancia del respeto.
Enseñanza de la leyenda
Podemos pensar de manera diferente, pero siempre debemos respetar las creencias y convicciones de los demás.






