Sami vivía en un pueblo rodeado de bosques y ríos. Un día encontró una caja de madera escondida entre los árboles. Dentro había mapas y notas que señalaban un tesoro perdido.
Reunió a sus amigos Joana, Pol y Laia. Eran diferentes, pero siempre se apoyaban y escuchaban las ideas de los demás.
Durante el viaje llegaron a un río sin puente. Joana propuso construir una pequeña balsa; Pol encontró materiales seguros y todos colaboraron para cruzar acompañados por un adulto del pueblo que conocía la zona.
Más adelante encontraron una cueva. Laia sintió miedo, así que el grupo se detuvo, habló sobre cómo avanzar y encendió sus linternas.
En el interior descubrieron un cofre junto al nido de un gran dragón dormido. En lugar de despertarlo o llevarse sus pertenencias, leyeron una inscripción: «El verdadero tesoro pertenece a quienes saben cuidar y compartir».
Dentro había semillas antiguas y un mapa de fuentes olvidadas. El dragón abrió los ojos y explicó que esperaba a personas responsables que pudieran ayudar a restaurar el bosque.
Los amigos regresaron al pueblo, plantaron las semillas y compartieron el mapa. Su aventura no los hizo ricos en monedas, sino en conocimientos, confianza y amistad.
Enseñanza del cuento
Trabajar en equipo significa escuchar, repartir responsabilidades y buscar soluciones que cuiden tanto a las personas como al entorno.






