Luka tenía seis años y vivía junto a un bosque mágico. Era curioso, pero le asustaban la oscuridad, los ruidos fuertes y, sobre todo, la Clariana de los Secretos.
Un día oyó un sonido extraño en el bosque. Aunque tenía miedo, decidió averiguar de dónde procedía. Entre los árboles encontró un enorme dragón rojo.
Estuvo a punto de huir, pero recordó lo que decía su abuela: «A veces, las cosas más increíbles aparecen en lugares inesperados».
El dragón se llamaba Draco y buscaba una planta mágica, la Luz de la Esperanza, que solo crecía en la temida clariana.
—Necesito ayuda para encontrarla —explicó.
Luka respiró hondo y aceptó acompañarlo. Avanzaron juntos hasta descubrir la planta brillando entre las flores.
Entonces apareció Nuez, una ardilla cuya abuela estaba enferma. Luka y Draco decidieron compartir algunos pétalos para que pudiera ayudarla.
Al regresar, Luka comprendió que el miedo no había desaparecido por completo, pero ya no decidía por él. Había sido capaz de avanzar, pedir compañía y hacer algo bueno.
Desde aquel día siguió explorando el bosque con prudencia y confianza, acompañado por sus nuevos amigos.
Enseñanza del cuento
Ser valiente no significa no sentir miedo. Significa reconocerlo, buscar apoyo y actuar con cuidado cuando algo merece la pena.






