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El soldadito de plomo

El soldadet de plom

El cuento de El soldadito de plomo

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En una caja de juguetes vivía un soldadito de plomo que tenía una sola pierna. Había sido el último en salir del molde, pero se mantenía tan firme como cualquiera de sus compañeros.

Cada noche observaba a una bailarina de papel que también sostenía el equilibrio sobre una pierna. Admiraba su serenidad y soñaba con hablar con ella.

Una mañana, una ráfaga de viento empujó al soldadito desde el alféizar. Cayó a la calle y la lluvia lo arrastró hasta un canal. Dos niños lo encontraron y lo colocaron en un barco de papel para protegerlo del agua.

El barco navegó por una corriente rápida, pasó junto a una rata curiosa y terminó deshaciéndose. El soldadito se hundió, pero un gran pez lo tragó sin querer.

Más tarde, el pez fue llevado al mercado. Al prepararlo, una cocinera encontró al pequeño soldado y reconoció que pertenecía a la casa de su familia. Lo limpió y lo devolvió a la caja de juguetes.

La bailarina y los demás juguetes celebraron su regreso. El soldadito contó la aventura, aunque no presumió de no haber sentido miedo.

—Tuve miedo muchas veces —admitió—, pero seguí confiando en que encontraría ayuda.

Aquella noche, el soldadito y la bailarina compartieron su primer baile bajo la luz de la luna. Nadie volvió a pensar que una pierna menos lo hacía menos valioso.

Enseñanza del cuento

La valentía no consiste en no sentir miedo, sino en continuar y confiar en nuestras capacidades.

FIN

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