En un bosque de montañas nevadas vivía Chispa, un abeto delgado y con pocas ramas. Los demás árboles presumían de su tamaño y se burlaban de él.
—Nunca te elegirán para Navidad —decían.
Los comentarios lo entristecían, aunque también temía que lo cortaran y lo alejaran del bosque.
Una mañana apareció Pablo, un niño que buscaba un árbol al que pudiera cuidar durante muchos años. Al ver a Chispa dijo:
—Eres perfecto para nosotros.
En lugar de cortarlo, Pablo y su familia pidieron ayuda para trasplantarlo a una gran maceta con sus raíces protegidas. En casa lo decoraron con luces, guirnaldas hechas a mano y figuras llenas de recuerdos.
Chispa se contempló en la ventana. Sus ramas desiguales brillaban rodeadas de risas y canciones. Comprendió que no necesitaba ser grande ni perfecto para aportar calidez.
Después de las fiestas, la familia lo cuidó en el jardín. Cada Navidad volvía a ocupar un lugar especial y recibía nuevos adornos.
La historia de Chispa inspiró al pueblo. Muchas familias dejaron de cortar árboles y optaron por decorarlos en el bosque, utilizar ejemplares con raíces o reutilizar árboles artificiales.
Enseñanza del cuento
No necesitamos parecernos a los demás para ser valiosos. Cuidar la naturaleza también puede formar parte de nuestras celebraciones.






