En las aguas azules del Mediterráneo vivía Marina, una joven sirena de cola verde y voz melodiosa. Amaba su palacio de coral, aunque sentía una gran curiosidad por el mundo de la superficie.
Cada tarde observaba las playas y los barcos. Soñaba con caminar por la arena y contemplar las estrellas sin una capa de agua sobre ella.
Una noche se desató una tormenta. Marina reunió a sus amigos marinos y, siguiendo las corrientes, guio un barco hasta una bahía protegida. Allí conoció a Marc, uno de los tripulantes, que quiso agradecerle la ayuda.
Marina le explicó su deseo de conocer la tierra. El espíritu del mar, al escucharla, le concedió la capacidad de caminar durante el día y recuperar su cola al entrar en el agua.
Marc le mostró el puerto, el mercado y los senderos de la costa. A cambio, Marina le enseñó a reconocer las corrientes, respetar los fondos marinos y no dejar residuos en el agua.
La sirena comprendió que no tenía que abandonar un mundo para conocer el otro. Podía visitar la tierra y regresar junto a su familia siempre que quisiera.
Con el tiempo, Marina y Marc organizaron viajes para enseñar a cuidar el Mediterráneo. Sus aventuras unieron a habitantes del mar y de la costa.
Enseñanza del cuento
Explorar lugares nuevos no exige renunciar a nuestras raíces. Podemos aprender de otros mundos y ayudar a protegerlos.






