Hace mucho tiempo, entre las montañas y los bosques de Cataluña, vivía un gigante llamado Gori. Era alto como una torre y fuerte como cien caballos, pero tenía un corazón muy sensible.
Gori vivía solo en una cueva. Le gustaba caminar entre los árboles, aunque a menudo se sentía solo. Un día oyó una voz dulce y siguió su melodía hasta encontrar a una joven llamada Alba recogiendo flores.
El gigante se enamoró, pero no se atrevió a acercarse. Temía que ella y los habitantes del pueblo lo rechazaran por su tamaño.
Noche tras noche contempló el prado donde la había visto. La tristeza llenó su corazón hasta que comenzó a llorar. Sus lágrimas, grandes como perlas, cayeron sobre la tierra seca y formaron primero un arroyo, luego un río y finalmente un inmenso lago.
Al amanecer, el agua brillaba bajo el sol. Cada ola parecía guardar una parte de la melancolía del gigante.
Según la leyenda, así nació el lago de Banyoles. Dicen que sus aguas son tan profundas como el corazón de Gori y que, cuando todo está en silencio, se escucha el eco de su amor.
Enseñanza de la leyenda
Expresar nuestros sentimientos y compartirlos con alguien de confianza puede ayudarnos cuando la tristeza parece demasiado grande.






