En un rincón del océano vivía Pepe, un pulpo capaz de resolver acertijos y encontrar comida en los escondites más difíciles. Todos admiraban su inteligencia, pero él prefería hacerlo todo solo.
Cuando la tortuga Tura, el pez Azul y la gamba Gira lo invitaban a jugar, respondía que estaba demasiado ocupado con asuntos importantes.
Un día, Gira llegó nerviosa.
—Se acerca una tormenta. ¿Nos ayudas a buscar un refugio?
Pepe les indicó una cueva sin acompañarlos. Confiaba en encontrar una solución mejor en el último momento, pero la corriente aumentó de repente y lo arrastró hasta una zona desconocida.
Cuando el agua se calmó, Pepe no sabía regresar. Por primera vez comprendió que su inteligencia no bastaba para resolver todos los problemas.
Mientras tanto, Tura, Azul y Gira salieron de la cueva acompañados por varios adultos del arrecife. Buscaron siguiendo rastros de arena removida hasta encontrar a Pepe detrás de una roca.
—Lo siento —dijo el pulpo—. No os escuché cuando necesitabais ayuda, y aun así habéis venido.
Sus amigos aceptaron las disculpas. A partir de entonces, Pepe compartió lo que sabía, pero también aprendió a escuchar ideas, pedir ayuda y disfrutar de los juegos.
Pronto descubrió que los momentos más felices no eran los que pasaba demostrando cuánto sabía, sino aquellos en los que todos aportaban algo.
Enseñanza del cuento
La verdadera sabiduría incluye humildad, amistad y capacidad para trabajar en equipo.






