En un pueblo lleno de jardines vivía Isona, una niña de seis años con una imaginación desbordante. Su tesoro más querido era Arnau, un viejo muñeco de sonrisa grande que la acompañaba en todas sus aventuras.
Isona jugaba con sus amigos a crear casas con cajas de cartón, convertir hojas en dinero y transformar piedras y palos en objetos imaginarios.
Una tarde decidieron construir un pueblo entero para sus juguetes. Levantaron pequeñas casas, una escuela y un mercado con cajas, telas y mucha creatividad.
De pronto empezó a soplar un fuerte viento. Algunas telas y hojas salieron volando y, cuando todo se calmó, Isona no encontraba a Arnau.
Sus amigos dejaron los juegos y comenzaron a buscar. Miraron detrás de los arbustos, debajo de los bancos y entre las hojas. La tarde se convirtió en una misión de rescate.
Finalmente, uno de ellos gritó: —¡Lo he encontrado!
Arnau estaba bajo la raíz de un árbol, algo sucio pero en perfecto estado. Isona lo abrazó y después dio las gracias a cada amigo.
—Habéis demostrado que somos una gran familia.
Continuaron jugando hasta el atardecer. Isona comprendió que, incluso cuando aparecen pequeñas tormentas, la amistad puede convertirse en un refugio seguro.
Enseñanza del cuento
Los buenos amigos se apoyan cuando surge un problema y colaboran hasta encontrar una solución.






