En una granja, una pata esperaba ilusionada el nacimiento de sus crías. Los huevos se abrieron uno tras otro, excepto el más grande.
Cuando finalmente rompió el cascarón, apareció un polluelo distinto: era más alto, gris y desgarbado. Los animales del corral comenzaron a llamarlo «el patito feo» y lo apartaban de sus juegos.
Triste por el rechazo, decidió marcharse en busca de un lugar donde pudiera ser aceptado. Recorrió campos y bosques, afrontó el frío del invierno y aprendió a cuidarse.
Al llegar la primavera encontró un lago donde nadaban unos grandes cisnes. Aunque temía que también lo rechazaran, se acercó con prudencia.
Los cisnes lo recibieron con amabilidad. Al mirar su reflejo en el agua, el joven ave descubrió que su plumaje había cambiado. Era un cisne como ellos.
Comprendió que nunca había sido un pato extraño. Simplemente estaba creciendo a su propio ritmo y todavía no había encontrado a quienes compartían su historia.
El cisne construyó una nueva vida junto al lago. No olvidó el dolor que había sentido y, por eso, siempre daba la bienvenida a quien llegaba solo o parecía diferente.
Enseñanza del cuento
Nadie merece ser juzgado por su apariencia. Crecer lleva tiempo, y encontrar un entorno respetuoso puede ayudarnos a reconocer nuestro propio valor.






