Dídac era un niño alegre y deportista que jugaba al fútbol cada tarde. Un día cayó y se lesionó la mano derecha. Después de visitar el hospital regresó a casa con un vendaje.
Los primeros días fueron difíciles. No podía escribir con facilidad, atarse los cordones ni jugar como antes. Se sentía frustrado, pero no quería rendirse.
—¿Por qué no aprovechas para aprender algo nuevo que puedas hacer con una sola mano? —sugirió su madre.
Dídac aceptó el reto. Aprendió a preparar platos sencillos con ayuda, descubrió los libros de aventuras y comenzó a jugar al ajedrez con su padre. Cada actividad exigía paciencia, pero también le mostraba una capacidad nueva.
Después decidió escribir un diario con la mano izquierda. Al principio las letras salían torcidas; con práctica, su escritura mejoró muchísimo.
Varias semanas después, su mano derecha se recuperó y pudo volver al fútbol. Sin embargo, Dídac ya no era el niño que solo pensaba en el deporte. Había descubierto la lectura, la cocina y la estrategia.
Al regresar con sus amigos compartió todo lo aprendido y organizó un torneo de ajedrez en el parque.
Enseñanza del cuento
Los obstáculos pueden obligarnos a cambiar de camino, pero también pueden revelar habilidades e intereses que todavía no conocíamos.






