Hansel y Gretel vivían con su padre cerca de un gran bosque. La familia atravesaba una época difícil y, durante una salida para recoger leña, los dos hermanos se separaron de los adultos.
Hansel había dejado pequeñas piedras blancas en el camino y, gracias a su brillo bajo la luna, consiguieron regresar a casa. Días después volvieron a perderse. Esta vez las migas que marcaban la ruta habían desaparecido porque los pájaros se las habían comido.
Tras caminar durante horas encontraron una casa hecha de pan, galletas y azúcar. Tenían tanta hambre que probaron un pedacito. Entonces apareció una anciana que les ofreció comida y descanso.
La mujer parecía amable, pero en realidad era una bruja que quería retenerlos. Encerró a Hansel y obligó a Gretel a realizar todas las tareas.
Los hermanos no se rindieron. Hansel ganó tiempo con pequeños trucos y Gretel observó con atención hasta encontrar las llaves. Cuando la bruja se distrajo preparando el horno, Gretel aprovechó para cerrar la puerta de la cocina, liberar a su hermano y salir de la casa.
En un cofre encontraron objetos que la bruja había quitado a otros viajeros. Se llevaron una parte para devolverla al pueblo y dejaron señales visibles en el camino.
Al fin encontraron a su padre, que los buscaba arrepentido. Los tres se abrazaron y prometieron que nunca volverían a separarse en el bosque. Con ayuda de los vecinos, avisaron a otros caminantes del peligro.
Enseñanza del cuento
La unión, la observación y el ingenio ayudan a superar situaciones difíciles, pero los niños siempre deben permanecer cerca de adultos responsables.






