En un pequeño pueblo vivía una ratita trabajadora que cada día barría la escalera de su casa.
Una mañana encontró una moneda dorada. Después de pensarlo, fue al mercado y compró un lazo rosa con puntos blancos para colocarlo en su cola.
Al regresar, varios animales admiraron su nuevo aspecto. El gallo le propuso vivir juntos, pero su canto nocturno no le gustó. El perro ladraba demasiado fuerte. Más tarde apareció un gato de voz suave y modales encantadores.
La ratita creyó que sería un buen compañero y lo invitó a cenar. Sin embargo, durante la comida descubrió que el gato no respetaba sus cosas ni sus límites y trataba de quedarse con todo.
La ratita dijo con firmeza que se marchara. Cuando el gato se negó, pidió ayuda. El perro, el gallo y otros vecinos acudieron y consiguieron que saliera de la casa.
Avergonzada por haberse dejado convencer, la ratita recibió el apoyo de sus amigos.
—Confiar no es un error —le dijeron—. Lo importante es observar cómo actúa una persona y pedir ayuda si no te respeta.
Desde entonces siguió cuidando su hogar y aprendió que un cumplido agradable no vale tanto como una conducta amable y respetuosa.
Enseñanza del cuento
La confianza se gana con acciones. Podemos decir que no, marcar límites y pedir ayuda cuando alguien no nos trata bien.






