Pol tenía seis años y vivía con su hermano Oriol, de tres, y sus padres, Carlos y Marina. Su habitación estaba decorada con imágenes de su personaje favorito: Mario.
Una tarde propuso a su hermano jugar a ser Mario y Luigi. Pol se puso una camiseta roja y Oriol una verde.
Sus padres los ayudaron a convertir el jardín en un mundo imaginario. Utilizaron cajas para construir castillos, tubos de juguete y monedas de cartón colgadas de las ramas.
Los dos hermanos corrieron, saltaron y rescataron muñecos. Oriol seguía a Pol mientras aprendía las reglas del juego.
De pronto, el pequeño tropezó y se raspó una rodilla. Pol detuvo inmediatamente la aventura, avisó a sus padres y se quedó a su lado mientras limpiaban la herida.
—Has encontrado una cura mágica —bromeó al colocarle una tirita decorada.
Oriol volvió a sonreír y, cuando estuvo preparado, continuaron jugando con más calma.
Al terminar, sus padres los felicitaron por trabajar en equipo y cuidarse. Pol comprendió que compartir una afición era aún más divertido cuando prestaba atención a las necesidades de su hermano.
Enseñanza del cuento
La imaginación crea grandes aventuras, pero el verdadero trabajo en equipo consiste en detenernos y cuidar a quien lo necesita.






