Un molinero dejó a sus tres hijos un molino, un burro y un gato. Pedro, el menor, recibió al animal y pensó que no podría ganarse la vida con él.
—Dame un saco y unas botas —pidió el gato—. Confía en mí.
Con su ingenio consiguió algunas piezas de caza y las llevó al rey como regalo de su amo, a quien presentó con el nombre inventado de Marqués de Carabás.
Durante semanas repitió las visitas hasta despertar la curiosidad del monarca. Un día supo que el rey y la princesa pasarían junto al río. Pidió a Pedro que se bañara y después afirmó que unos ladrones le habían robado la ropa.
El rey ordenó que entregaran al joven un traje elegante y lo invitó al carruaje. Mientras avanzaban, el gato se adelantó y pidió a los trabajadores de los campos que contaran al rey quién cultivaba realmente aquellas tierras. Así descubrió que pertenecían a un ogro que trataba mal a sus habitantes.
En el castillo, el gato desafió al ogro a demostrar sus poderes. Cuando se convirtió en ratón, lo encerró en una caja y consiguió que prometiera devolver las tierras.
Pedro explicó finalmente al rey quién era y cómo el gato había ayudado a liberar a los campesinos. Impresionados por su sinceridad y por el ingenio del animal, el rey y la princesa los recibieron como amigos.
Enseñanza del cuento
El ingenio puede abrir oportunidades, pero la confianza duradera necesita acompañarse de sinceridad y de acciones que beneficien a los demás.






