Había una vez un muchacho llamado Pedro que nunca había sentido miedo. Era un joven alegre, pero todos en el pueblo decían que era un poco extraño, porque nada le asustaba: ni las historias de fantasmas, ni las tormentas, ni las criaturas que acechaban en los bosques oscuros. Cuando alguien le preguntaba:
—Pedro, ¿tú nunca tienes miedo?
Él respondía:
—¿Miedo? ¿Qué es eso?
Sus padres estaban preocupados. «Es importante conocer el miedo para ser prudente», decían. Un día, Pedro decidió marcharse de casa y recorrer el mundo para descubrir qué era el miedo. Se despidió de su familia y emprendió su aventura.
Caminó por bosques oscuros, atravesó montañas altas y cruzó ríos caudalosos, pero nada le hacía temblar. Llegó a un castillo donde se decía que vivían fantasmas y monstruos aterradores. Todos los habitantes del pueblo cercano le advertían:
—¡No entres ahí, Pedro! Nadie que haya entrado ha salido con vida.
Pedro, decidido a encontrar el miedo, respondió:
—Perfecto, allí lo buscaré.
Esa noche, Pedro entró en el castillo. Apenas cruzó la puerta, escuchó ruidos extraños: cadenas que se arrastraban, risas macabras y puertas que se cerraban solas. Pero Pedro, en lugar de asustarse, se reía:
—¡Qué ruidosos son estos fantasmas!
De repente, un esqueleto apareció bailando frente a él. Pedro aplaudió.
—¡Qué bien bailas! ¿Tienes más amigos? —preguntó.
El esqueleto, desconcertado, desapareció.
Más tarde, un terrible monstruo con ojos brillantes y garras afiladas intentó asustarlo rugiendo con fuerza. Pero Pedro se acercó y le dijo:
—¿Tienes hambre? Podríamos buscar algo de comer.
El monstruo, sorprendido, no supo qué hacer y huyó.
Así pasó toda la noche en el castillo. Los fantasmas y monstruos intentaron de todas las maneras posibles asustarlo, pero Pedro no se inmutó. Al amanecer, el dueño del castillo, que era un hechicero, se presentó ante Pedro y le dijo:
—Eres el primero que supera todas las pruebas. Eres valiente y puro de corazón. Como recompensa, te regalo este cofre lleno de oro y joyas.
Pedro, agradecido, tomó el cofre y regresó a casa.
Cuando llegó al pueblo, todos le preguntaron si había encontrado el miedo. Pedro, con una sonrisa, respondió:
—No sé qué es el miedo, pero he encontrado aventuras, amigos y un poco de fortuna.
Y así, Pedro vivió feliz y valiente, sin conocer el miedo, pero disfrutando cada momento de su vida.