Érase una vez, en la frondosa selva africana, un hipopótamo llamado Hipólito que era muy valiente y listo. A diferencia de otros hipopótamos, Hipólito no pasaba todo el día en el río o tomando sol. ¡Él prefería leer libros y aprender sobre todo tipo de cosas!
Un día soleado, mientras paseaba por la selva, Hipólito encontró a un grupo de animales muy preocupados. Estaban junto a un estanque de agua que estaba sucio y no sabían qué hacer para limpiarlo. Había leones, elefantes, jirafas y muchos otros animales mirando el agua con caras tristes.
Hipólito, siempre calmado y pensativo, se acercó a ellos y se ofreció a ayudar.
Les explicó un plan sencillo pero genial para limpiar el agua. Primero, propuso hacer una gran recolección de basura para quitar todo lo que estaba ensuciando el agua. Dijo que podrían formar equipos, cada animal con una tarea especial según lo que mejor supiera hacer.
Después, Hipólito sugirió plantar alrededor del estanque algunas plantas especiales que ayudan a limpiar el agua. Explicó cuáles eran esas plantas y cómo debían cuidarlas.
Por último, propuso crear un pequeño grupo de animales que se encargara de cuidar el estanque para que siguiera limpio y seguro para todos.
Los animales se sintieron muy felices y seguros con el plan de Hipólito. Juntos, recogieron la basura, plantaron las plantas y formaron el grupo de cuidadores. Trabajaron mucho, pero al final, lograron que el agua estuviera limpia y fresca otra vez.
Gracias a Hipólito, no solo solucionaron el problema del agua sucia, sino que aprendieron cómo cuidar mejor de su hogar en la selva. Hipólito se convirtió en un héroe para todos en la selva, y los animales siempre recordarían cómo su inteligencia y valentía los ayudó a tener un lugar más bonito y seguro para vivir.