Hace mucho tiempo, cuando las montañas eran salvajes y libres, vivía una familia de ganaderos con siete hijos. Todos juntos cuidaban un rebaño de ovejas y vivían con mucho amor y respeto por la naturaleza. El padre de la familia era ciego, pero a través de los sonidos y el olor de la montaña sabía orientarse como nadie. Los hijos le seguían y confiaban en sus consejos, ya que él tenía mucha sabiduría.
Un día, la familia decidió aventurarse monte arriba para encontrar nuevos campos donde las ovejas pudieran comer hierba fresca. Caminaron y caminaron hasta que llegaron a un lugar llamado Pla dels Hospitalets. Allí, dejaron que las ovejas descansaran y comieran a gusto. Los hermanos disfrutaban viendo a las ovejas pastar y explorando los rincones de la montaña.
De repente, después de unos días, algo mágico empezó a ocurrir. Del cielo empezaban a caer pequeños copos blancos y suaves. Los hermanos miraron arriba con asombro: ¡nunca habían visto la nieve! Fue tan emocionante que corrieron a contárselo a papá. El padre, al oír la noticia, se puso un poco serio y les dijo: “Esto es la nieve. Cubre toda la hierba y si nos quedamos aquí, nuestras ovejas se quedarán sin comida.”
Los hermanos se miraron entre ellos preocupados, pero su padre, siempre sabio, les tranquilizó. “Tengo una idea,” les dijo con una sonrisa. “Deben bajar montaña abajo hasta encontrar un saúco florido. Allí habrá un lugar especial, donde podremos estar seguros y donde habrá pasto para nuestras ovejas.”
Así pues, los siete hermanos, con sus ovejas, empezaron a bajar montaña abajo, buscando el saúco florido que el padre les había indicado. Por el camino, pasaron por valles, bosques y arroyos, todos llenos de vida y ruidos que volaban la imaginación de los hermanos. Cada uno de ellos tenía una tarea: algunos cuidaban a las ovejas para que no se perdieran, otros vigilaban el camino, y todos ayudaban al padre, que seguía sus pasos a través de los sonidos de la naturaleza.
Los hermanos aprendieron mucho durante el camino: aprendieron a trabajar juntos, a escuchar a su padre con respeto ya amar a la naturaleza. Vieron animales que nunca habían visto y sintieron el viento frío de la montaña, pero nunca perdieron la esperanza de encontrar el saúco florido.
Después de muchos días de viaje, cuando ya estaban cansados, llegaron a un precioso lugar donde la luz del sol era cálida y la hierba, verde y suave. ¡Y allí, en medio del paisaje, vieron un saúco con flores blancas y delicadas! Los siete hermanos supieron enseguida que aquél era el sitio que habían estado buscando.
Cada uno de los hermanos decidió construir una cabaña para vivir, todas en torno al saúco florido. Los vecinos que pasaban por allí pronto se unieron y se establecieron también, y así, poco a poco, nació el pueblo de Setcases, que significa literalmente “Siete Casas” en recuerdo de aquellas primeras siete cabañas.
Desde ese día, los hermanos y el padre vivieron felices en ese lugar mágico, rodeados de sus ovejas, de la naturaleza y de la gente que se fue añadiendo con el tiempo. Setcases se convirtió en un lugar donde todo el mundo era bienvenido, y los siete hermanos, ahora mayores y sabios como su padre, contaban esta historia a todo el mundo que quería escucharles.
Y así, niños y niñas, es como nació el pueblo de Setcases, un sitio que todavía hoy recuerda el amor por la naturaleza, la familia y la magia de las montañas.