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El lobo y las siete cabritillas

cuento El lobo y las siete cabritillas

El cuento de El lobo y las siete cabritillas

En un bosque donde los árboles susurran secretos al viento, vivían siete cabritillas y su madre en una casita de madera que siempre olía a canela y leche caliente. Cada mañana, antes de ir a buscar hierbas, la mamá cabra cantaba:

«¡Din-don, campanillas!
Si no suena mi canción,
no abras ni un poquitín,
¡o el lobo entrará al salón!»

Las cabritillas bailaban al ritmo: la mayor con pasos largos, la mediana dando vueltas, y la pequeña… ¡siempre tropezando con sus propias patitas!

¡TOC! ¡TOC! Una tarde llamaron a la puerta.
—Soy yo, corderitas —rugió una voz áspera como lija.
—¡Muéstranos las patas! —exigió la cabritilla pequeña.
El lobo alzó su pata negruzca y llena de espinas.
—¡PUAF! —gritaron todas— ¡Huele a pescado podrido!

El lobo corrió al molino. ¡ZAS! Hundió sus patas en harina hasta dejarlas blancas como nubes.

¡TOC! ¡TOC! Volvió a llamar.
—Soy mamá —cantó con voz dulzona.
Las hermanas mayores se acercaron, pero la pequeña gritó:
—¡Esperad! ¡Huele a… a… LOBO CON PERFUME!

El lobo, furioso, fue a la taberna. ¡GLUP! ¡GLUP! Bebió un tarro de miel.
—¡HIC! ¡HIC! —le dio hipo de tanto tragar—. Ahora sí…

¡TOC! ¡TOC!
«Din-don, campani… HIC! …llas» —cantó entre hipos.
Las cabritillas, confundidas, abrieron… ¡CRASH!

El lobo devoró a seis de un bocado. La séptima —¡PLOP!— se escondió en el reloj, que marcaba tictac-tictac como un corazón asustado.

La madre regresó y vio el desastre:
—¿Dónde están mis hijas? —preguntó con voz temblorosa.
—¡Aquí! —sollozó la pequeña saliendo del reloj—. El lobo se las… ¡GLUP! comió.

Con aguja e hilo en mano, siguieron el rastro de huellas pegajosas hasta el río. El lobo roncaba ¡ZzzZzzZzz! con la panza moviéndose como gelatina.

¡CORTE! La madre abrió su vientre.
—¡ACHÍS! —estornudó la primera cabritilla al salir.
—¡Brrr! ¡Qué frío! —tiritó la segunda.
Las seis aparecieron ¡POP! ¡POP! ¡POP! como corchos de champán.

Rellenaron al lobo con piedras —¡CLONC! ¡CLANC!— y lo cosieron con puntadas que dibujaban una sonrisa.

Al despertar, el lobo sintió sed. ¡PLAF! Al inclinarse en el río…
—¡SOCORRO! ¡GLU-GLU! —las piedras lo arrastraron.

Las cabritillas celebraron con chocolate caliente y una nueva canción:

«Lobo malo, ¡adiós!
con tus trucos y tu voz.
Si vuelves a molestar…
¡te haremos hipar!»

Y colorín colorado…
¡SOPLA FUERTE PARA AYUDAR A AHUYENTAR AL LOBO!

FIN

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