Érase una vez, en el pintoresco pueblo de Vilassar de Mar, conocido por su aroma a mar y por sus calles llenas de historia, vivían dos niñas muy especiales, Tanit e Isona. Tanit, con sus cabellos dorados como los campos de trigo, era aventurera e intrépida. Isona, en cambio, tenía los ojos tan claros como el cielo y era amante de los libros y los misterios.
Un día de verano, mientras jugaban cerca de la playa, encontraron un antiguo mapa desgastado que el viento había llevado hasta sus pies. El mapa mostraba un camino hacia un lugar secreto dentro de Vilassar de Mar, un jardín mágico que, según las leyendas, se revelaba solo a los corazones puros.
Tanit e Isona, llenas de entusiasmo, decidieron seguir el mapa. Su viaje las llevó a atravesar los estrechos callejones del pueblo, pasando por la famosa Torre del Barón y la iglesia de San Juan, hasta llegar a un antiguo sendero que las conducía hacia el interior.
A medida que avanzaban, el paisaje se transformaba. Las casas daban paso a campos de flores y árboles frutales, y el ruido del pueblo se fusionaba con el canto de los pájaros y el susurro del viento entre las hojas.
Finalmente, después de una larga caminata, llegaron a una vieja puerta de madera cubierta de hiedra. Con el corazón palpitante de emoción, Tanit e Isona la empujaron suavemente. Ante ellas, se desplegó un jardín como nunca habían visto.
El jardín mágico estaba lleno de flores de colores vivos, árboles que parecían bailar con el viento, y una pequeña charca donde los peces dorados jugaban bajo el agua cristalina. En el centro, había un antiguo pozo de piedra, y a su lado, una mesa de piedra con un libro abierto.
Las niñas, curiosas, se acercaron al libro. En sus páginas, había escrito un mensaje: «El jardín mágico necesita vuestra ayuda. Las estrellas del cielo han perdido su camino, y sin su luz, el jardín perderá su magia. Encontrad el camino de las estrellas y devolvedlas al cielo.»
Tanit e Isona, sin dudarlo, aceptaron el reto. Comenzaron a buscar pistas por el jardín, observando cada flor, cada árbol, cada rincón. Después de mucho buscar, descubrieron una serie de piedras brillantes que formaban un camino.
Siguiendo el camino de piedras, llegaron a un rincón secreto del jardín, donde una antigua fuente de piedra estaba iluminada por una luz tenue. Alrededor de la fuente, había incrustadas pequeñas estrellas de cristal que no brillaban.
Recordando el mensaje del libro, Tanit e Isona comenzaron a cantar una dulce melodía, una canción que Isona había aprendido de sus libros. A medida que la música llenaba el aire, las estrellas de cristal comenzaron a brillar, una a una, iluminando todo el jardín con una luz mágica.
De repente, una brisa suave levantó las estrellas de su lugar, llevándolas hacia el cielo, donde comenzaron a brillar con toda su esplendor. El jardín mágico, gracias a la ayuda de Tanit e Isona, había recuperado su luz y su magia.
Las niñas, maravilladas por lo que acababan de vivir, regresaron al pueblo con el corazón lleno de felicidad y los ojos llenos de estrellas. Desde aquel día, cada noche, miraban el cielo sabiendo que ellas habían ayudado a las estrellas a encontrar su camino de vuelta.
Y así termina el cuento de Tanit e Isona, dos niñas valientes y puras de corazón que salvaron el jardín mágico de Vilassar de Mar y aprendieron que, juntas, podían hacer magia. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.