Había una vez una pequeña semilla.
¡Era tan pequeña que casi no se veía!
Un día, la semilla sintió el calor del sol y el agua de la lluvia.
“¿Qué está pasando?” pensó.
Y de repente… ¡empezó a crecer!
Primero, salieron las raíces.
Eran largas y delgadas, buscando agua y alimento en la tierra.
Después, salió un tallo.
Era fuerte y recto, llevando la semilla hacia arriba.
Poco a poco aparecieron las hojas.
Eran verdes y suaves, y ayudaban a la planta a alimentarse del sol.
Y un buen día… ¡nació una flor preciosa!
Todos los colores del sol y del cielo brillaron en la flor.
La semilla, que había crecido y se había convertido en una planta, sonreía feliz.
Y así, poco a poco, ¡una semilla puede hacer cosas grandes!






