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El caballero valiente de Sevilla

Cuento El caballero valiente de Sevilla

El cuento de El caballero valiente de Sevilla

Hace mucho tiempo, durante el reinado del rey Alfonso X, conocido como “El Sabio”, Sevilla era una ciudad próspera llena de historia y cultura. Un día, mientras el rey estaba ocupado fortaleciendo las fronteras del reino, la reina y un grupo de damas nobles decidieron preparar una sorpresa para sus esposos y padres, que llevaban meses fuera en el campo de batalla. Organizaron una caravana para llevar provisiones, cartas y regalos a los soldados, sin decirle nada al rey.

La caravana salió al amanecer, atravesando las tierras fértiles de Andalucía. Todo iba bien hasta que, al llegar a las colinas cercanas al río Guadalquivir, un grupo de bandidos extranjeros apareció de repente, armados y con malas intenciones. Los bandidos querían capturar a la reina y a las damas para exigir un rescate. ¡Qué momento tan aterrador!

Por suerte, un caballero llamado Don Rodrigo de Merola, conocido en Sevilla por su coraje y nobleza, iba siguiendo de cerca la caravana. Había notado que el grupo podía estar en peligro, así que decidió acompañarlos a una distancia prudente junto con un grupo de hombres leales y valientes.

Cuando Don Rodrigo vio a los bandidos atacar, no dudó ni un segundo. Con un grito que resonó en las colinas, él y sus hombres cargaron contra los asaltantes. La batalla fue dura y peligrosa, pero la valentía y el liderazgo del caballero de Merola fueron más fuertes. Los bandidos, incapaces de resistir el ataque, huyeron hacia las montañas, dejando libres a la reina y a las damas.

Cuando el rey Alfonso X supo lo ocurrido, se llenó de orgullo y gratitud hacia Don Rodrigo. Lo llamó a la corte y, delante de todos, le dijo:
—Has salvado a mi reina y a las nobles damas. Tu valor no tiene igual. Te concederé cualquier deseo que tengas.

Don Rodrigo, humilde como era, no sabía qué pedir. Pero el rey insistió:
—Pide lo que quieras, nada es demasiado para recompensar tu lealtad y coraje.

Finalmente, el caballero pidió algo que sorprendió a todos: una de las estrellas de plata que adornaban el escudo de Sevilla, símbolo de la ciudad y de la grandeza del reino. Aunque la petición era audaz, el rey Alfonso, fiel a su palabra, accedió. Desde ese día, una de las estrellas de Sevilla pasó a formar parte del escudo personal de Don Rodrigo de Merola, como un recordatorio de su valentía y nobleza.

Gracias al coraje del caballero, la reina y las damas regresaron sanas y salvas a Sevilla, donde fueron recibidas con júbilo. La historia del valiente caballero de Merola se convirtió en leyenda, y aún hoy, en las calles empedradas de Sevilla, los juglares cuentan sus hazañas a quienes deseen escuchar.

FIN

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